. “ En nombre de Dios: no desespero” Somos santos los que luchamos hasta el final de su vida: los que siempre se saben levantar después de cada tropiezo, de cada caída, para proseguir valientemente el camino con humildad, con amor, con esperanza. Para que no te apartes por cobardía de esa confianza que Dios deposita en ti, evito la presunción de menospreciar ingenuamente las dificultades que aparecen en mi camino de cristiano. No hemos de extrañarnos. Arrastramos en nosotros mismos -consecuencia de la naturaleza caída- un principio de oposició resistencia a la gracia: son las heridas del pecado de origen, enconadas por nuestros pecados personales. Por tanto, hemos de emprender esas ascensiones, esas tareas divinas y humanas -las de cada día-, que siempre desembocan en el Amor de Dios, con humildad, con corazón cont...
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