“Deberíamos de aspirar a ser como María”
María no fue obligada a recibir al Hijo del Altísimo. Ella quiso libremente cooperar. Y sabía, además, que el precio del amor habría de ser muy caro. “Una espada de dolor atravesará tu alma” le profetizó el viejo Simeón.
La madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe a un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo, nuestra misión será fecunda porque está modelada sobre la maternidad de María.
Hay otra expresión maravillosa en el Evangelio de hoy: “Tengo sed”. Está hablando de ti, tiene sed de ti, de tu vida, de tus lágrimas, de tus logros. Confíate a Él y no dudes en acoger a María como madre y maestra.
Rezamos junto a María, el Santo Rosario cada día. Pedimos por la Paz en el Mundo.
Tu hermano en la fe: José Manuel..

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