| “El Espíritu Santo nos configura con Cristo” |
La Santa Misa nos sitúa de ese modo ante los misterios primordiales de la fe, porque es la donación misma de la Trinidad a la Iglesia. Así se entiende que la Misa sea el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano. Es el fin de todos los sacramentos. En la Misa se encamina hacia su plenitud la vida de la gracia, que fue depositada en nosotros por el Bautismo, y que crece, fortalecida por la Confirmación. Cuando participamos de la Eucaristía, escribe San Cirilo de Jerusalén, experimentamos la espiritualización deificante del Espíritu Santo, que no sólo nos configura con Cristo, como sucede en el Bautismo, sino que nos cristifica por entero, asociándonos a la plenitud de Cristo Jesús. La efusión del Espíritu Santo, al cristificarnos, nos lleva a que nos reconozcamos hijos de Dios. El Paráclito, que es caridad, nos enseña a fundir con esa virtud toda nuestra vida, hechos una sola cosa con Cristo, podemos ser entre los hombres lo que San Agustín afirma de la Eucaristía: signo de unidad, vínculo del Amor. Rezamos el Santo Rosario cada día. |
Si el demonio te recuerda tu pasado, recuérdale a él su futuro”
“ Si el demonio te recuerda tu pasado, recuérdale a él su futuro” Un consejo para mantenerte fuerte y dispuesto en la batalla es que cada mes, como mucho, celebres el sacramento de la misericordia. No siempre habrás cometido grandes pecados pero el sacramento no solo nos perdona los pecados, también nos aumenta la gracia, nos hace más poderosos espiritualmente y evita que podamos estar relajados y despistados. Carga tus baterías y únete a Jesús cada día para recoger con el Señor y no desparramar. No tengas miedo: si el demonio te recuerda tu pasado, recuérdale tú a él su futuro. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria. Reza cada día el Santo Rosario. Tu hermano en la fe: José Manuel.

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