¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?”

Quienes nos rodean perciben perfectamente lo que llevamos dentro.

Lo que continúa en el Evangelio es para que lo tengamos muy en cuenta. Jesús nos recrimina que tengamos el “Señor, Señor” en los labios pero que actuemos de forma contraria a la voluntad de Dios.

Jesús nos pone en alerta: Edificar sobre arena es apostar por lo inmediato, por lo pasajero, dejarnos influir por las modas y alimentar nuestras pasiones. Edificar sobre roca, por el contrario, es no perder la trascendencia de la vida, es descubrir el propósito para el que hemos sido creados, es descubrir nuestros límites y, a la vez, la gracia de Dios que nos sostiene en la prueba y os estimula a mejorar.

Edificar sobre la roca es acudir diariamente a la fuente de agua viva, al encuentro íntimo con Dios, es renovarnos en los sacramentos de la eucaristía y la penitencia pues no es posible avanzar y caminar ligero sin repostar y alimentarnos. 

 Reza el Santo Rosario cada día, Tu hermano en la fe: José Manuel.





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