Querido hermano:
Querido hermano:
Dios no es injusto al ser generoso. Todos esperaban percibir la proporción a su trabajo, sin embargo la lección de Dios es que Él actúa desde la desproporción de su amor.
Este Evangelio nos enseña que la vida cristiana no la podemos edificar sobre el «merecer». De hecho es maravilloso que la fe y la salvación no dependan de nuestro hacer y que sean el fruto del hacer de Dios, que es es amor, y de nuestro acoger, que es pobreza y humildad.
Por muchas y buenas obras que podamos realizar, nunca llegaremos a merecer lo que con tanta generosidad nos da Dios.
Como dueño de la viña, Dios, de forma libre y voluntaria no guarda proporción entre lo que le damos y lo que nos da, por eso, si queremos ser discípulos de Jesús debemos evitar exigir más a los demás y juzgarles con severidad.
Habrá muchos casos en los que no sabremos por qué la gente camina tan despacio o por qué han llegado tan tarde. La paciencia de Dios.

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