Querido hermano: El centurión confiesa su confianza en Cristo:

 

                                                                                   Querido hermano:

 

El centurión confiesa su confianza en Cristo: “Basta una palabra tuya para que mi criado quede curado.” El “Libro de la sabiduría” nos dice: “No fue una hierba o ungüento alguno lo que le sanó, sino tu palabra, Señor, que da a todos la salud.”

La plenitud de la bendición de Dios reside en conocer a Cristo, acudir a Él, confiar en su palabra y saber que tiene planes especiales para cada uno.

Al entrar en nuestro mundo y compartir nuestro dolor y sufrimiento, Jesús trajo consigo el favor del Padre, la bendición del Padre.

Nos dice Juan en una de sus cartas: “Mirad cómo nos amó el Padre: quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente.”

Me viene a la memoria Jacob, el hijo de Isaac. Quería ser bendecido por su padre y lo consiguió poniéndose por delante de su hermano Esaú, pero la vida de Jacob nos muestra que buscaba siempre la bendición de Dios.

Un día se enfrentó y luchó con Dios, que había tomado forma de hombre. Lo podéis ver en Génesis 32.


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