Querido hermano: El engranaje pastoral del sacramento no es malo, pero creo que es propio de otras épocas en que la familia y la sociedad acompañaban a los que se preparaban para recibir los sacramentos. Debemos plantear una pastoral en la que mostremos la alegría de creer y a un Dios-persona encantado de relacionarse con sus hijos no solo de forma ritual sino también en la vida real y concreta de cada uno. Si aceptamos y creemos en un Dios personal, debemos liberarlo de fórmulas donde lo hemos encerrado, o al menos debemos reconocerlo y celebrarlo también en la vida sencilla del trabajo, de la familia o del ocio. La manera como dice que vayamos es con sencillez, incluso con pobreza. Si queremos llevar a Cristo al corazón del mundo, no lo podemos hacer desde la riqueza, prepotencia y abundancia: “No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan, ni dinero. Tampoco llevéis túnica de repuesto.”
Querido hermano:
El engranaje pastoral del sacramento no es malo, pero creo que es propio de otras épocas en que la familia y la sociedad acompañaban a los que se preparaban para recibir los sacramentos.
Debemos plantear una pastoral en la que mostremos la alegría de creer y a un Dios-persona encantado de relacionarse con sus hijos no solo de forma ritual sino también en la vida real y concreta de cada uno.
Si aceptamos y creemos en un Dios personal, debemos liberarlo de fórmulas donde lo hemos encerrado, o al menos debemos reconocerlo y celebrarlo también en la vida sencilla del trabajo, de la familia o del ocio.
La manera como dice que vayamos es con sencillez, incluso con pobreza. Si queremos llevar a Cristo al corazón del mundo, no lo podemos hacer desde la riqueza, prepotencia y abundancia: “No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan, ni dinero. Tampoco llevéis túnica de repuesto.”
El engranaje pastoral del sacramento no es malo, pero creo que es propio de otras épocas en que la familia y la sociedad acompañaban a los que se preparaban para recibir los sacramentos.
Debemos plantear una pastoral en la que mostremos la alegría de creer y a un Dios-persona encantado de relacionarse con sus hijos no solo de forma ritual sino también en la vida real y concreta de cada uno.
Si aceptamos y creemos en un Dios personal, debemos liberarlo de fórmulas donde lo hemos encerrado, o al menos debemos reconocerlo y celebrarlo también en la vida sencilla del trabajo, de la familia o del ocio.
La manera como dice que vayamos es con sencillez, incluso con pobreza. Si queremos llevar a Cristo al corazón del mundo, no lo podemos hacer desde la riqueza, prepotencia y abundancia: “No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan, ni dinero. Tampoco llevéis túnica de repuesto.”

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