Querido hermano:
El extremo del cinismo es matar a Dios en lo práctico pero seguir llevando la cruz en el pecho, acudir a celebraciones como bodas y aniversarios, emocionándose con algún santo e incluso ser cristiano de misa dominical pero reducir al domingo nuestra condición cristiana y a un horario lo más reducido posible. Fingimos ser, nos disfrazamos, aparentamos.
Fingir es matar a Dios, decapitar la Buena Noticia, preferir la bisutería, las baratijas, los analgésicos espirituales, conformase con vivir asistiendo puntualmente aparentando piedad. Hoy, como ayer, la vivencia auténtica de la fe está bajo sospecha, se la tilda de fanatismo mientras que se aplaude y manipula a unas formas religiosas carentes de compromiso y autenticidad.
Se permite la religiosidad externa si además va acompañada de existencialismo. Pero cuando la fe muestra su dimensión política, cuando se enfrenta a los señores de esta Tierra (los “Herodes”),

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