Querido hermano:
Jesús, en la cruz, nos la ofrece como madre. Con su costado abierto y en su momento de entrega más sublime tiene fuerzas todavía para vincularnos en familia: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre.”
Es
curioso porque este texto nos habla de fecundidad pero es un momento
que necesita de la encarnación y mira a Pentecostés. En los tres
momentos, María aparece de forma teologal, y además es el Espíritu
el que da fuerza y armonía a una secuencia que comienza en la
encarnación, llega a su momento más dramático en la cruz y se hace
pleno en Pentecostés.
En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió aquella que fue la primera en creer y cuya fe no decaería jamás. La mujer que en las bodas de Canaán de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo.
Rezamos junto a María, el Santo Rosario cada día.

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