Siento lástima por quienes se han dedicado en la vida a acumular codiciosamente. Al llegar el final de sus días tienen la preocupación de conservar lo que han atesorado, sin la conciencia de que no lo disfrutarán más y de que, además, no es que no se lo puedan llevar, sino que Dios les pedirá cuentas de cómo lo han utilizado y de qué servicio social han dado a sus bienes.
“¡Necio! Esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?” Es ridículo acumular soberbiamente sin que lo acumulado tenga un sentido y valor para ayudar a vivir a otros.
Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se dijo: “Derribaré los graneros y construiré otros más grandes y entonces me diré: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años. Tumbate, come, bebe y date buena vida.”
Rezamos el Santo Rosario cada día, pedimos, por los ricos y por los pobres. Para que la virgen interceda por ellos. Por la Paz en el Mundo. Tu hermano en la Fe: José Manuel.

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