Querido hermano:

 

Querido hermano:

A Jesús, tu vida y la mía le costó su sangre. Hemos sido pagados no a precio de oro y plata sino de la vida, cuerpo entregado y sangre derramada de Cristo, por ello no podemos dormirnos, no podemos vivir como si nada dependiera de nuestro actuar.

Estamos llamados a la excelencia, no a la mediocridad, no al ir tirando. Tú, en tu vida, tienes que dar lo mejor, no rendirte en las dificultades y esforzarte para que todo lo que hagas tenga el sello de la perfección; no que sea perfecto, pero sí que tiendas a hacerlo lo mejor posible.

Deberíamos esforzarnos para que todo lo que hagamos delante de los demás o en la intimidad, cosas importantes o cotidianas, lo hiciéramos con excelencia. Y acuérdate de que algo bien hecho es mejor que algo bien dicho.

Dale valor a lo pequeño, esfuérzate por cuidar y respetar todo lo que haces. Ámate y respétate para cuidar con amor renovado a quienes estén a tu lado.

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