Querido hermano:
Sabemos que el prójimo es el que está próximo a nosotros, el cercano, con el que compartimos la vida, con quien nos cruzamos, el vecino, el compañero de trabajo, la persona desconocida que se cruza en nuestro camino.
Jesús, al plantear la parábola del Buen Samaritano nos está llevando a la conclusión de que no podemos desentendernos de la realidad de pobreza que está a nuestro alrededor, pues quien desprecia a los hombres, desprecia lo que Dios ama, desprecia la figura de mismo Dios encarnado.
No podemos huir del mundo escondiéndonos en el cumplimiento fariseo de unas normas o en unos rezos. El pasaje del Evangelio nos muestra una conversación entre un jurista, un especialista de la Ley y Jesús de Nazaret.
Jesús no se pierde en definiciones acerca de lo que es el amor sino que muestra cómo hay que amar. En Jesús aprendemos realmente a amar. Si situamos los principios y normas por encima de las personas.

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