Siempre hay que tratar de ser el mejor pero nunca creerse el mejor. Este Evangelio nos habla de cuán fácil es acostumbrarse y perder el amor primero.

 

Siempre hay que tratar de ser el mejor pero nunca creerse el mejor. Este Evangelio nos habla de cuán fácil es acostumbrarse y perder el amor primero.
Cuando nos acostumbramos a estar con una persona, terminamos por envolver todo con la rutina y perdemos la novedad y la sorpresa; ya no tenemos cuidado de los pequeños detalles.

Nos dice el Evangelio que dichoso es el criado cuyo amo le encuentre dispuesto y en su puesto. Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar” y empieza a pegarle a los mozos y a las muchachas, a comer y a beber y a emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, conde
nándolo a la pena de los que no son fieles.

El aviso que hoy nos da el Evangelio es de suma importancia: Cuidad vuestra vida, estad atentos, no descuidéis los pequeños detalles. En definitiva, nos pide que renovemos el amor primero, el amor enamorado, que se alimenta de los pequeños detalles, que goza con la alegría del amado.

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